¿Por qué necesitaba alcohol para ser valiente? La respuesta que cambió mi vida

¿Te suena esa sensación de creer que eres el rey del mundo después de beberte unas cuantas cervezas o copas?

¿Has hecho cosas estando completamente borracho que de otra manera no te hubieras atrevido a hacer?

En mi pequeño pueblo cerca de Jaén, como en la mayoría de lugares de España y del mundo, la afición los fines de semana era beber alcohol.

No un poco alcohol. Mucho alcohol.

Era lo que hacía todo el mundo y parecía no haber muchas opciones adicionales, así que ¿qué otra alternativa tenía para una persona que se dejaba llevar y no había aprendido a tomar sus propias decisiones?

Viernes, sábado e incluso Domingo.

Alcohol, alcohol y más alcohol.

Pero ¿por qué?

¿Qué necesidad tiene que cubrir una persona para justificar el estar dos o tres días de resaca sintiéndose completamente miserable?

Al principio es obvio, la validación social de los amigos es algo crucial cuando eres joven (si no has aprendido todavía a tomar tus propias decisiones…).

Pero hay algo más que hace que la resaca o lo que venga después, ya sea la muerte, tenga totalmente sentido. Y es esa sensación de sentirte poderoso, de no tener ningún miedo.

¿Por qué pasa eso exactamente?

Hay 4 puntos importantes:

  1. El alcohol relaja el cerebro al aumentar una sustancia (GABA) que nos hace sentir tranquilos y menos preocupados.
  2. Reduce otra sustancia que nos hace estar alerta (glutamina), así que no vemos el peligro como lo haríamos normalmente.
  3. Nos hace sentir bien y felices al liberar una sustancia de «recompensa» en el cerebro (dopamina), lo que nos da confianza y seguridad.
  4. Apaga la parte del cerebro que piensa en consecuencias (corteza prefrontal), así que no nos da miedo hacer cosas que normalmente nos asustarían.

Para una persona que solía reprimir sus sentimientos y que tenía poca auto-estima y mucho miedo a lo que los demás pensaran de él, eso era la Entrada Premium al Paraíso.

Emociones desatadas, auto-estima por las nubes y poco o ningún miedo.

Era una persona completamente distinta. Era imparable.

Carismático, gracioso, valiente y motivador.

Recuerdo que había algo en especial que sin estar completamente borracho no hubiera hecho: Bailar.

Me encanta bailar, pero de normal tenía un miedo inmenso a que las personas se rieran de mí.

¡Los tíos no bailan!. ¡Bailar es de gays!. Son cosas que aún puedes escuchar en cualquier pequeño pueblo del sur de España (y en muchos otros sitios).

Pero con alcohol ese miedo desaparecía.

Bailaba, reía, hablaba con unos y con otros…

… y motivaba a las personas para que persiguieran sus sueños y no se conformasen, para que confiaran en ellos mismos y supieran que había alguien más que confiaba en ellos.

En esos momento no sabía que lo que estaba haciendo con los demás era mi propio dolor, era lo que quería que alguien hiciera conmigo, que me dijeran que no me conformase con lo que la sociedad o la familia creían que era lo correcto para mi, que creyeran en mi cuando nadie o poca gente creía en mi, en lo que realmente quería hacer en la vida.

Podía estar horas y horas haciendo lo mismo, hablando con unos y otros, preguntándoles, escuchándoles, motivándolos, haciendo que se cuestionaran la forma en la que hacían las cosas para que comprobaran si realmente eran felices.

Se acababa la noche, se pasaba el efecto del alcohol…

Resaca, malestar, ansiedad, y de nuevo, miedo.

Ahora incluso me sentía peor conmigo mismo porque sabía que le había hecho daño a mi cuerpo y a mi cerebro.

¿Dónde estaba el tipo valiente y motivador de la noche anterior?

Había desaparecido completamente…

…hasta el siguiente fin de semana.

Un bucle infinito en el que tenía los mismos comportamientos destructivos una y otra vez.

No es fácil ser consciente de eso y salir de ese bucle, porque lo había hecho tantas veces que ya era mi realidad, era algo normal en mi vida, algo que tenía que hacer y que me definía.

Han pasado muchos años hasta que al fin he comprendido e interiorizado que hay otra manera mucho más sana y efectiva a largo plazo de conseguir los mismos resultados sin necesidad de alcohol.

Y aquí va lo bueno… porque, aunque me haya tomado años descubrirlo, SÍ hay otra manera de sentirte igual de valiente y confiado, sin tener que pasar por el mismo bucle de siempre.

Y no, no es magia ni requiere recetas secretas y es tan simple que me vas a decir que ya lo sabías, pero ¿lo pones en práctica en tu vida?

1. Muévete y haz deporte

Con solo mover tu cuerpo liberas una dosis natural de endorfinas, esas mismas que te hacen sentir eufórico y casi invencible.

Correr, bailar (sí, incluso en público), nadar… todo eso te llena de confianza y felicidad sin necesidad de beberte una copa.

2. Respira hondo

Sí, suena simple, pero el poder de la respiración profunda es brutal.

¿Sabías que puede calmarte tanto como un par de cervezas?

Cuando respiras lento y profundo, el cuerpo manda señales de calma al cerebro y el miedo empieza a aflojar, sin efectos secundarios.

Si no sabes cómo hacerlo entra aquí y simplemente respira.

3. Pasar tiempo en la naturaleza

Los bosques, la playa, las montañas… lugares donde el aire fresco y los sonidos naturales te relajan sin hacer nada más.

Es un remedio natural contra el estrés, y te juro que sientes una paz que no encuentras en ninguna botella.

Desde que comencé a cambiar los sábados de borrachera por domingos de montaña y senderismo, mi vida comenzó a cambiar totalmente.

4. Haz lo que te apasiona

Todos tenemos algo que amamos hacer, ¿no?

Un hobby o una actividad que nos llena y que libera la misma dopamina que el alcohol, sin las consecuencias de la resaca.

¿Te gusta pintar, escribir, bailar? Cada vez que te sumerges en eso, el cerebro te premia, como si te bebieras un chute de confianza.

A mi me gusta hacer Ecstatic Dance, senderismo por la montaña, breathwork, yoga, darme baños de hielo… (como lo oyes)

Párate también un momento a pensar qué haces de manera natural si vas un poco talega.

Yo descubrí que una de mis pasiones era escuchar, motivar y acompañar a los demás para liberar sus emociones y salir de situaciones de estancamiento, como en la que yo estaba.

Seguro que cuando el miedo no está presente puedes identificar algo que haces de manera natural que de otra manera no harías.

5. Estar con la gente adecuada

Cuando estás con personas que te apoyan y te aportan de verdad, tu confianza crece.

El cerebro libera oxitocina, la hormona que te hace sentir querido y confiado, como si estuvieras protegido.

Rodearte de gente que te aprecia te da una seguridad que ninguna bebida puede darte.

A mí nadie me obligaba a beber, pero si me rodeaba de personas que estaban continuamente bebiendo y además era incapaz de poner límites y decir NO, ¿qué esperaba?

Busca personas que compartan tus intereses y únete a ellas.


Todo depende de lo que quieras en la vida.

Si quieres seguir en la misma situación, haz las mismas cosas de siempre.

Si quieres que te pasen cosas distintas y buenas, ya sabes por dónde puedes empezar…

P.D. Yo ya dejé por completo el alcohol, pero hay más cosas que descubrí a lo largo del camino.

P.D.2 Te las cuento aquí.

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